El Sapo es el nuevo compañero de Relámpago. Dos días han tratado de que trabajen juntos. Relámpago, al llegar a la pila cae recuerda a Lucero y confía en que el Sapo lo arrastre cien metros.
Prefirieron dejarlos pastar. Al liberarlos, El siempre impasible Relámpago empujó al Sapo, una vez, otra vez y otra. El Sapo se alejó unos cuatro cuerpos, volteó a verlo y arremetió hacia el Relámpago. Aquel melancólico buey alzó la mirada y esperó una certera cornada en el cuello sin moverse un solo centímetro.
Edwin Enrique Soria Juárez