viernes, noviembre 12, 2004

Persona

Persona

Esta es una de las palabras que en latín y en español se escriben igual. Según el DRAE, una persona podríamos decir que es un individuo de la especie humana, un hombre o mujer cualquiera, un hombre o mujer con capacidad, disposición y prudencia. Tener excelentes prendas o cualidades humanas.

En estos días que circulan, así como se da el título de bachilleres, de licenciados, de maestro o de doctor. Se debería de implantar un programa de titulación de seres humanos como personas, ya que está de moda el dar títulos y cartoncitos.

Un ser humano podemos ser todos, una persona pocos. Una persona es aquel, como bien dice el DRAE es un individuo con excelentes calidades humanas. Es aquel que según Santo Tomás es un virtuoso. Cuando me refiero a alguien virtuoso, no hablo de la virtud en origen latín; es decir, no hablo de la actividad o la fuerza para producir o causar efectos. Me refiero a la disposición constante de integridad de ánimo y bondad de vida; es decir, un espíritu dispuesto a las acciones que no riñen con la ley moral.

En suma, “una persona con el justo sentido de la los extremos, que pueda tener la templanza necesaria para actuar equitativamente”. Algo que podríamos llamar una balanza humana de acciones justamente balanceadas. Una persona de acciones apegadas al recto modo de proceder. Como quien dice, ni mucho, ni poco.

Viéndolo desde esta perspectiva resulta difícil poseer el título de persona. Habrá que cultivar cierta cantidad de mesura en cada una de nuestras acciones. Incluso, en el sentido de la responsabilidad, de la ecuánime convivencia entre el trabajo y el ocio, entendiendo este no como un tiempo sin oficio ni beneficio; más bien, como la actividad que nos lleve a cultivarnos en los momentos en donde estemos liberados de las actividades rutinarias y cotidianas del oficio que hemos elegido como el generador los bienes necesarios para sobrevivir.

Alguno dirá que todo esto es relativo. Claro, es relativo, sino se pensara en que las opiniones en estos días actuales son relativas, no estaríamos en la pos modernidad.

Ahora que lo plasmo, que materializo mis ideas. A priori veo lo difícil que me será decirme una persona. Imagino lo difícil que será, para aquellos mortales que ya tienen en la alforja un bagaje añejo. Mudar de opinión y brindar la posibilidad al cambio o a la pertenencia de opinión a los demás, debe de ser difícil. Pareciera que la obstinación y la intolerancia se acrecientan con la edad. Más difícil entonces en llegar a ser una buena persona humana y añeja. Difícil reto.

Edwin Enrique Soria Juárez

4 comentarios:

Anónimo dijo...
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Histéresis dijo...
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