martes, junio 28, 2005

Sentire


Insisto, la lluvia hace cosas grandes, colosales como estragos y felicidades. El frío nos orilla a unirnos, a cerrar filas y por qué no a besar y abrazar.

Ignoro si es cosa del tiempo, quizá soy más perceptible o melancólico, más pertinaz en mi afán de percibir, o simplemente estoy creciendo, madurando o envejeciendo. Son las seis y media de la mañana y llueve, llegué temprano a la oficina y necesito y quiero y lo hago: escribo sobre los sentimientos y la manera en que los percibimos.

El sábado, quizá por todos los sentimientos a flor de piel, al despedirme de mi hermano Esquimal, le tendí el brazo para abrazarlo, él se abalanzó y me clavó un beso en la mejía, como buenos hermanos —como los viejos y buenos tiempos— frente a nuestras respectivas costillas y al bello retoño del Esquimal: Camila, quien dormía sin preocupaciones desde un tiempo atrás aún con la música y el relajo de la reunión.

Ayer me pasó lo mismo. Les cuento: La Mamá de RM tenía siete años de estar peleando con la vida. Luego de un mes de tener a la señora en el hospital —otra de tantas visitas que hacía al nosocomio por buenas temporadas— RM junto a su hermana, decidieron moverla a su casa de habitación. Según el médico allí podían hacerle lo mismo que en el Hospital, a un costo más bajo, rodeada de ellos dos y su cariño. La Señora, al entrar a la casa se sintió liberada: en los brazos de RM decidió partir. Dijo es suficiente, estaba cansada y no quiso más.

Ayer, con mi amada Chinita, fuimos a las exequias de la mamá de RM. Recién acaban de entregarles el cuerpo a RM y su Hermana. Todo era llanto y dolor, pero había un halo de tranquilidad, de resignación. Allí estaba RM, entacuchado, sin rasurar y doliente. Esperé turno tras varias personas que deseaban patentar su dolor y su presencia, luego de un tiempo pude llegar hacia RM. Lo abracé y él lloró. Lloró como un crío sin madre, lloró como lo venía haciendo, como un hijo que dio todo por su mamá, como un deudo de cariño y de historia y de madre. Lloró como un Hombre.

Aún al escribir esto me cuesta, siento un nudo en la garganta y un torrente queriendo salir de mis lagrimales, pero son ya las ocho y centavos—me ha costado escribir esto— y ya hay gente a mi alrededor, ya hay impresiones, fotocopias y llamadas y… ya no puedo llorar.

Sé que RM quizá no lea esto nunca, no interesa, sé que sabe el aprecio que le tengo. Sé que el Esquimalito sí lo leerá, y él también sabe el aprecio que le tengo. Sé que usted lo leerá, y que no le interesa RM ni el Esquimal ni la madre de nadie, pero sé también que usted como yo tenemos un Padre y una Madre, aunque sea que sólo hayan copulado sin querer que nosotros viniéramos a este mundo, pero son los que desencadenaron todo esto. Sé también que si usted los tiene y le importa un poco la vida y la tranquilidad de su persona, hoy o en un futuro no muy lejano, los llamará y les dirá lo que los aprecia.

Edwin Enrique Soria Juárez

P. D. Feliz mes del padre Viejito. Sabés que te aprecio.

2 comentarios:

Monica Morales dijo...

Muy bello lo que escribiste Edwin...

sip, en los últimos dos años han fallecidos los padres/madres de muchos amigos míos, incluso mi suegro recién cumplió un año de muerto...

Tristezas tan cercanas que se vuelven propias, no sé qué tanto por el ser que se va, debe ser más el dolor de los que uno ama lo que nos duele...

Bellas palabras, muy bellas...

Saludos
Mony

José Joaquín dijo...

Es difícil ver, cuando alguien que querés ha muerto, cómo sigue la vida afuera como que si nada. Vos ya no serás el mismo, pero el mundo no se entera.

Si te interesa leer te dejo un link con un cuento que explora esta tristeza:

http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/rus/chejov/tristeza.htm

Saludos