jueves, diciembre 08, 2005

Mortuus: culpa aut Successus

Hasta el momento no hay quién diga este muerto es mío. Tampoco diré este muerto yo lo maté. La culpa no es mía, no sé a estas alturas de quién es. Quizá es del que inventó el vehículo tan desprotegido del otro o quien inventó el mío tan fuerte. Acaso del que diseñó ese tramo de carretera o del que se le ocurrió colocarla allí sin calcular las consecuencias del devenir que podría suceder a causa de lucrar en ese lugar. Es menester destacar que en suceso falleció un incauto, en el sentido justo de falto de cautela, ya que de malicia no lo quiero exculpar. Allá él y el Dios que lo juzgue. Quizá sea Baco quien lo reciba por el estado etílico que se presume recorría sus venas antes de que estallara su cráneo. Lo cierto es que soy el sindicado. Un interrogado más por el secretario primero, la jueza y el MP. Los cuales pretenden dilucidar la supuesta culpabilidad con preguntas en donde desean saber sobre mi pericia al volante. Donde lo que se tiene que proteger es una vida que ya no existe. Un bien máximo a proteger que podría bien dilucidarse en menor tiempo. Tiempo en el que tendré que firmar en un juzgado para garantizar que no me he fugado. La santa Iglesia me ofrece Indulgencia Plenaria para hoy. No sé si funcione para expiar culpas de accidentes automovilísticos, no hay instrucciones claras de la utilidad de la misma. Lo cierto es que hasta ahora me estoy dando cuenta de que me afectó todo esto. Mi sueño no es normal. Mis nervios están alterados y al ir de copiloto prefiero dormir que ver lo que sucede. Espero pronto se me pase todo esto. Por el momento recuperaré mi licencia de conducir, aunque mi paz no retorne aún.