lunes, mayo 28, 2007

Metus I

Alonzo es una maraña de miedos. No es que él haya nacido con estas deficiencias, es nada más la consecuencia de las experiencias de vida que ha tenido.

Alonzo tiene tantos miedos y odios que en ocasiones lo paralizan completamente. Como el miedo a los actos públicos, protocolarios y sociales. El problema de todo no es en sí el acto, aunque en ocasiones lo exasperan, sin embargo lo que va aderezado a una invitación es lo que no le agrada en ninguna escala.

Existen ocasiones en que llegan las invitaciones para un té, la presentación de un libro, una graduación o una simple y llana boda. Alonzo únicamente hace nada más que observar el sobre y no abrirlo. Lo más que hace es colocarlo a trasluz, tratar de descifrar quién lo envía y para qué es el acto. Ahora es tan difícil saber quién envía qué, las invitaciones vienen sin remitente, las envían impersonalmente por un repartidor profesional y este las desliza por la rendija de la puerta y eso es todo. Nadie sabe quién la envía o cuál es el motivo. Existen sí, las que pudieran ser más fáciles de reconocer, sin embargo es todo un arte el descifrar, tanto así, que el explicarlo podría bien ocasionarle una lobotomía o un ataque existencial y consabidas secuelas de las que nadie quiere estar enterado, de tal forma que esto, por el bien de Alonzo y la humanidad lo dejamos fuera.

La gente es una desconsiderada, no se da cuenta de las complicaciones de hacer algo tan simple como invitar a un acto social a otra persona. Alonzo escucha un sonido suave y rápido. Es un sobre que alguien deslizó bajo la puerta.