viernes, junio 17, 2005

Tolerantia, Redite Caesaris Caesari

Tengo una fascinación por el latín que me ha despertado en muchas ocasiones a escribir sobre el origen de las palabras; las cuales, en determinado momento son el origen de las acciones; esto debido, a que las mismas frases nacen de una forma onomatopéyica, si cabe el término. He descubierto hoy que un sinónimo del perdón es la tolerancia, y que sólo esta última tiene raíz latina, por algo será.

En los últimos días, debido a la batalla campal a través de correos electrónicos generados por algunos de los amigos más cercanos y entrañables con los que he cultivado una gran amistad, la cual deseo seguirla teniendo —con toda la intención que el sentido de pertenencia me permita—, he descubierto que somos intolerantes, cercenadores de la opinión e irreverentemente soberbios. Subrayo el somos.

Pido públicamente perdón por la parte que me corresponde de responsabilidad en este intercambio de correos; rica y tentadora la discusión, pero con tendencias provocativas y lacerantes.

En ciertas ocasiones tendemos a ser más papistas que el papa —sin querer destapar con esto la olla de los grillos, nada más como un dicho coloquial y de uso frecuente—, y peor aún, más animales que los pocos dispuestos en la selva petenera.

La tendencia a la desacreditación (disminución de la reputación de una persona) debería ser considerada un acto de violencia, al igual que la tendencia al convencimiento. ¿Es más lícito acaso, escribir nada más y que el que le ronque la gana que lea? Quien sabe. Lo que sí es cierto, es que nuestra opinión/convicción la defendemos a capa y espada; pero, habitualmente sólo la historia dirá si teníamos o no la razón. La imparcialidad es un fiasco, bien decía Oscar Wilde: Sólo podemos dar una opinión imparcial sobre las cosas que no nos interesan, sin duda por eso mismo las opiniones imparciales carecen de valor y las opiniones con interés son tan apegadas a la miopía. Mi. Mi. Mi. Mi. Yo. Yo. Yo. Egoísmo. Narcisismo. Ingratitud. Egocentrismo. Aislamiento.

El otro problema, es que le tememos a un cambio de opinión generalizado, es acaso porque ¿embate de frente a nuestra tranquilidad? Un sabio para la guerra, Napoleón Bonaparte, decía que no hay que temerle a los que tienen otra opinión, sino a aquellos que tienen otra opinión pero son demasiado cobardes para manifestarla. ¿Acaso será que debemos temerle más a los cobardes en todo sentido? ¿Qué tan cobardes somos? ¿Qué tanto temor debe de tenernos el mundo?

Muy probablemente el acertijo está en ser lo que deseemos ser, recuerdo ahorita a Lewis Carroll en Alicia en el País de las Maravillas: <>o, si quieres que lo diga de un modo más simple: <>.

Aunado lo anterior a la tolerancia de opiniones distintas a las nuestras y el no temer expresar nuestras propias opiniones, nos debe de llevar a la pacífica convivencia. Es decir, no temerle a la censura y luchar contra ella, aún más cuando se trate de alguien a quien respetamos y apreciamos. Tanto la intolerancia como la censura son sinónimos descrédito, menosprecio, minimización: violencia.

Espero ansioso el día en que pueda tranquilamente tolerar. Espero vehemente el día en que todos podamos expresarnos sin censura, sin miedo. Anhelo los tiempos en que podamos vivir sin violencia, aunque la historia proyecte lo contrario. No demos ultimátum, no amenacemos, no violentemos, que nuestro merecido nos dará en algún momento la vida y luego no culpemos a nadie de lo que no posee nuestra existencia.

Perdón, sepan tolerar.

…si su vida no está llena de poesía no culpe a la vida, cúlpese a usted.

Rilke


Pobres hombres necios
jadeantes violentos
mendigos de atención,
faltos de inocencia infantil.


Absurdos saturados de insensatez
achacosos despilfarradores de energía en luchas de poder
faltos todos, de la bendición de la soledad
miren hacia los niños, que nada les importa,
ni sus estúpidas luchas, sus insignificantes preocupaciones,
sus mínimos trabajos.

EESJ

Edwin Enrique Soria Juárez

1 comentario:

Xand dijo...

Siempre he pensado que tolerar tiene algo de soberbio... "Soy mejor, y puedo tolerarte." Creo que esa es la lógica. La mía, al contrario, es repetirme constantemente que soy un imbécil...